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¿Eres fiel o leal, cuáles son las diferencias?

Alejandro Dumas : Yo no soy fiel, soy leal y eso es lo más importante. Me dijo el otro día mi amigo Luis con respecto a las diversas relaciones amorosas que mantiene. Es la única persona que conozco, hasta el momento, que lleva cuatro relaciones al mismo tiempo. Sí, cuatro, mujeres tan disímiles y distintas como no se imaginan.

Por supuesto, él está ocupado todo el tiempo: cuando no está con una está con la otra, y si ninguna de las dos está pues siempre está la tercera o la cuarta.

El poco dinero que gana se le va en cenas y comidas, y todo el tiempo está exhausto, está de más decir por qué. Yo no sé cómo hace para nunca encontrarse con las otras tres cuando está con una. Yo soy como su confesionario ambulante, me cuenta todo: cada una de las cosas que les dice y les repite a una u a otra, depende de su propia conveniencia.

¿Pero es que no te confundes? ¿En la cama, no le dices a una por el nombre de la otra, o confundes sus gustos o yo qué sé? No, me responde. Jamás.

Y bueno, yo no lo justifico, sin embargo lo entiendo. Él ha tenido toda la vida una enorme incapacidad para relacionarse de manera estable por largo tiempo con una persona y yo pienso (y se lo he dicho) que tiene un gran miedo a enamorarse de sólo una y que le rompan el corazón. Y mi teoría es que prefiere tener sexo sin compromiso porque así le es más cómodo.

Él engaña a su manera y para él eso no está mal. Para él ser leal es amar a todas y a ninguna. Es repartirse entre varias y al final no tener realmente lo que busca en nadie, por miedo. Ése es el caso muy particular de él.

Y puede haber hombres que lo hagan por otros motivos.

Con las mujeres es distinto. Mi amiga Karla, por ejemplo, alguna vez le fue infiel a su novio y entonces a ella más le valía no haber nacido. Su novio contrató un servicio de detectives y al final se dio cuenta de que en efecto, ella no sólo lo engañaba, sino que lo hacía con su mejor amigo.

Está de más decir que aquello casi termina en tragedia melodramática digna de la peor telenovela mexicana.

Y a ella, al parecer (ésa es mi teoría. Karlita, no te enojes) le quedó un trauma porque desde entonces no ha querido establecer una relación con nadie. Ella sí considera que además de ser infiel fue desleal y creo que ella misma nunca se lo perdonó y se lo reprochó todo el tiempo.

Dos casos distintos de una misma moneda. No sé, a mi no me pregunten si se trata de un asunto de género, o de circunstancias y anécdotas que pueden aplicar para ambos. Lo que sí es real es que a todos nos interesa en mayor o menor grado la fidelidad. Y casi que no sabemos que existe hasta que llega su contraria: la infidelidad.

Se dice que las mujeres engañamos mejor que los hombres y que ellos son más obvios cuando de ocultar una relación clandestina se trata. No sé. Conozco historias que podría decir que son de amor verdadero de amantes de hombres casados con veinte años de relación.

No pueden dejarse, él no puede dejar a la esposa, la esposa se da cuenta pero no lo dice, la amante es amiga de la esposa y casi que hacen un trío formidable.

La verdad, con la pena -y soy la última que se da golpes de pecho- pero no soy muy partidaria de esos enredos: prefiero una cosa o la otra pero nunca las dos con la misma intensidad ni al mismo tiempo.

Tampoco niego que durante mi vida he estado en ambas situaciones: he sido la amante y he tenido amantes, sólo por sexo o con amor, pero al final se vuelve una historia insostenible y siempre claudico.

Mi primera vez como amante de un hombre casado fue cuando yo era realmente muy joven. Él me doblaba la edad y yo no lo amaba, pero lo usaba para aprender de sexo, para vivir tardes enteras realmente eróticas con él besando mi piel y descubriendo mi cuerpo estrecho de entonces dándome grandes dosis de placer.

Íbamos a un motel en las afueras de la ciudad porque él tenía mil años sin ir a uno luego de una vida entera de infeliz matrimonio, o en su estudio (era un pintor).

Y sí, fue una experiencia linda, erótica e inolvidable, pero jamás quise saber nada de su mujer ni de sus hijos. La relación clandestina duró muy poco hasta que me enamoré verdaderamente de alguien, y entonces lo dejé.

Y hoy, aunque no me crean, enamorada, apasionada y llena de un sexo vital, puedo ser la mujer más fiel del planeta. No tengo ojos para nadie más, no me gusta nadie y le hago el fuchi a todo ser masculino sobre la faz de la tierra si mi corazón late por un guapo bomboncito.

Creo que si le eres infiel a alguien, no tiene caso seguir allí. Es el momento de irte. Algo imposible de pegar se ha roto, aunque intentes pegarlo mil y una veces. Yo creo que es mejor tener relaciones cortas y leales que una larga llena de infidelidades.

Al final, creo que todo se reduce al sexo. Creo que no se siente infiel aquella persona que siente deseo por alguien más, si es que no ha consumado el acto sexual.

Puede ser desleal pero no saberse infiel. Al final, creo yo, la fidelidad se reduce al sexo puro y duro. Quien ya huele a leña de otro hogar, mejor que se quede prendiendo la fogata en ese nuevo espacio.

Cada cual puede tener sus razones: monotonía, nuevas sensaciones, aburrimiento, falta de respeto, falta de amor, maltrato físico o sicológico, objetivos distintos, entre miles más.

Cada historia será muy respetable y me gustaría saber sus anécdotas de infidelidad, de uno y otro lado, sus finales felices o dramáticos.

Todos tenemos una historia, estoy segura, escondida por ahí en el baúl más oscuro o luminoso de nuestros recuerdos.

fuente/metronoticias.com.mx/

Administrador in General on Octubre 30 2009 » Comments are closed.