Sexo al alcance de un clic
El cibersexo: ¿el futuro del erotismo? Cada vez más gente busca y encuentra sexo en internet. Lo que antes era una rareza de algunos ciberadictos, hoy es una variante más de las vivencias eróticas.
Que levante la mano aquel que nunca ha tecleado la palabra s-e-x-o en el Google. O el que jamás se ha detenido a mirar, aunque sea de reojo, una foto o un video explícito en la red.
Si lo ha hecho (¡y lo ha hecho!) debe saber que su búsqueda ha arrojado más de 93 millones de páginas y que, entre ellas, la mayor parte consiste en una oferta de disfrute sexual de variantes simplemente incalculables. ¿Sexo en grupo? Bah, 196 mil resultados. ¿Sexo con embarazadas? Paf, un millón 980 mil opciones. ¿Sexo con gordas? Ocho millones 640 mil entradas.
Pero, aunque existen las variantes ilegales y perseguidas (pedofilia, por ejemplo), el cibersexo no es una conducta clasificada como patológica y, para millones de personas, es una variante más de sus vivencias eróticas.
¿Y en qué consiste? Pues en excitarse mientras se mantiene contacto online con otra persona o se consume material sexual virtual. Algunos lo llaman el “motor de la triple A”, pues garantiza accesibilidad, anonimato y asequibilidad.
El atractivo del sexo on line reside en que facilita a las personas más tímidas o a las que tienen menos habilidades sociales la posibilidad de conectarse con posibles partners sexuales en un espacio de privacidad.
Además, para muchos, el sexo virtual es y no es sexo. Por ejemplo, el marido más fiel del mundo puede tener un ardiente romance virtual y difícilmente podría ser considerado infiel, porque si no hay contacto físico, no hay engaño.
¿Es malo el sexo virtual? Para algunos especialistas, no, salvo que perturbe la vida normal del usuario. Al contrario, destruye tabúes, amplía el repertorio sexual, fomenta la fantasía y promueve nuevas formas de ocio. Además, es una gran ayuda para los tímidos y los que tienen tendencias sexuales poco comunes, pues los hace sentirse parte de un colectivo, como los sadomasoquistas o quienes gustan del intercambio de parejas. Es que, en internet se encuentra sexo “seguro” y sin compromiso; anónimo y sin consecuencias.
Contra lo que pudiera pensarse, los comportamientos sexuales desviados o las patologías relativas al sexo representan un porcentaje ínfimo en internet. El resto es normalidad. En el estudio Cybersex: The dark side of the force (Cibersexo: el lado oscuro de la fuerza), el investigador estadounidense Al Cooper y sus colaboradores establecieron en 2000 las variantes de uso de la red con fines sexuales y el grado de dependencia según la dedicación.
Sobre una muestra que abarcaba a 9.000 individuos, el 46.6% dedicaba menos de una hora a la semana a actividades sexuales online, los denominados “usuarios recreacionales”. El 8.3% se constituía en “usuarios de riesgo”: dedicaba 11 o más horas a la semana a estos menesteres. Y sólo el 1% vivía como una “interferencia grave” su afición, es decir, su adicción.
Eso significa que el sexo en internet se está convirtiendo en una opción erótica tan válida y común como las tradicionales. El mayor riesgo es que un día se vuelva tan aburrida y rutinaria como estas.
/larepublica.pe/