Mujeres cuentan fantasías sexuales que terminaron mal
Algunas experiencias sexuales no terminan en una noche de placer sino todo lo contrario. Antes de probar algo nuevo infórmate.
Siempre nos han dicho que es importante probar nuevas cosas, desarrollar la curiosidad, que dejemos de lado las vergüenzas y demos rienda suelta a nuestras fantasías más ocultas. Pero a veces, es importante averiguar un poco más acerca de ellas, para que no pasar malos ratos y arruinarnos la noche.
¡Átame!
Creí que era súper sexy tener sexo atada a la cama y le pedí a mi novio que lo hiciera. Me ató tan fuerte que al rato me estaban doliendo tanto las muñecas que no daba más. Le pedía casi a gritos que me desatara, pero él sonreía creyendo que era parte del show que habíamos montado. Tuve que gritar con desesperación para que lo hiciera y quedé con las manos moradas y feas, dice Valeria.
El famoso trío
Mi marido siempre me lo planteaba como su mayor fantasía y desde que empezamos a salir buscaba la manera de que yo aceptara. Hasta que un día invitó a una compañera de la oficina a comer a la casa, con la que estaba a cargo de un proyecto publicitario importante.
Entre comida y traguitos empezamos a hablar de más y terminó siendo invitada a hacer un trío con nosotros. Yo había tomado más de la cuenta y acepté sin prejuicios, pero a medida que pasaba la noche y la veía metida con mi marido, me sentí terrible. Los celos no me dejaron disfrutar nada y no soportaba ver a esa mujer encima de mi marido y él con cara de excitación máxima. Terminé llorando a mares en el baño y con problemas matrimoniales por meses, cuenta María José.
Kamasutra
Queríamos hacer esas posiciones que salen en el Kamasutra y terminamos tirados en el suelo con calambres en los glúteos y pantorrillas, sin haber logrado siquiera parecernos un poco a la figura. Con decir que ni pude ser penetrada. Imposible de hacer, afirma Sonia.
Dominatrix
Un día compré un traje de cuero con un látigo y todo. Me vestí y lo esperé en casa. Él llegó y de solo verme se enloqueció. Pero no quiso ser sometido, sino que quería atarme a mí. Terminé atada hasta en los pies y con este imbécil pegándome en la cola con el látigo. ¡Me dolió tanto y me sentí tan humillada que lloré hasta que me soltó! Después de eso boté el famoso disfraz, relata Soledad.
En el agua
Las películas mienten. Siempre salen felices teniendo sexo en el agua y cuando nosotros quisimos probar casi morimos de dolor. Llegué a gritar del dolor cuando me penetró y su pene quedó absolutamente irritado. No sé qué habrán pensado de nosotros los de la pieza de al lado del hotel, pero desde ese día no se lo recomiendo a nadie, afirma Carola.
Cambio de pareja
Fuimos con mi novio a un bar de intercambio de pareja para ver si éramos capaces de ser liberales. Pero se me acercó un viejo con cara de degenerado y maloliente, que en menos de media hora estábamos fuera del local muertos de la risa por la breve experiencia, concluye Cecilia.
fuente/terra.com.pe/